viernes, 27 de diciembre de 2013

SOL DE INVIERNO

Perdóname por no haber estado ahí cuando más me necesitabas; por fallarte dos veces, en la vida y en la muerte; por priorizar cosas banales y sumamente estúpidas antes que acariciar una vez más tu mano; por que eras mi sol de invierno, esa luz cálida que podía atravesar el frío más absoluto del mundo y sus noches.

Ahora, todo está en calma; en aparente serenidad, como el mar antes de la tormenta y tú ya no estás aquí y hoy llueve en Madrid, hoy no hay sol de invierno y no volverá a amanecer en diciembre, porque ya no brillan tus ojos ciegos, querida.

He sido estúpido pensando que encontraría la calma huyendo del dolor, pero aquí me tienes, de nuevo en el epicentro de esta desolación. Eras amada por todos nosotros y aunque siempre me pareciste una extraña de un tiempo pasado; hoy no puedo negar que vivías en mi presente, entre ceja y ceja; amaneciendo por todos nosotros, pero ya no habrá más sol de invierno.

Ya sólo quedará el recuerdo comido por el olvido de mi arrogancia; y ahora es cuando todo lo grande parece pequeño y lo pequeño puede conmigo, porque puedo ser de acero de la cabeza a los pies, pero me quemo con el sol, con cualquier sol que no sea de invierno.


Perdóname y lo siento de veras, cielo.


sábado, 30 de noviembre de 2013

VAYA COSA

Tiene los ojos más otoñales que he logrado ver, un lunar en la mejilla que le caracteriza, pero lo que realmente le da su toque es que no deja de sonreír.

Tiene todo el tiempo del mundo, porque deja escapar el viento y éso a mí, me encanta. Conoce Madrid por sus numerosos paseos que le amortiguan de la realidad de la cual siempre quiere huir.

Adoro cuando empieza a pensar y olvida como parar, cuando parece un loco, porque así yo, también puedo parecerlo-y hasta mi pelo rizado puede parecerlo-

Nunca hace nada; pero siempre tiene algo que hacer, siempre le reclama algún gato extraviado en algún bar, sino el se pone a jugar a ser Dios sobre el papel, sino está con sus niños y sino siempre estoy yo para robarle algo de su infinito tiempo, es que a mí me hace falta mucho y a él le sobra más.

Y es ahí caminando por su pelo cortado (odia el pelo corto pero le encanta cortárselo), dudando entre si me puede matar en un ataque de locura o está loco por mí...

...cuando empieza a creer en el amor.

jueves, 21 de noviembre de 2013

INVIERNO

Ya es invierno y el frío ha conquistado Madrid por completo, mi abrigo es muy fino y me cuesta hasta liarme un cigarrillo; menos mal que la música es buena compañera de viaje.

Recorro las calles una a una, como una sombra, casi tan sinuoso como el viento. Y la hablo. ¿A quién? Ni siquiera sé su color preferido.

-No lo sé, preciosa. A mí me has encantado y querré saber si existes.
-¿Y si no existo?
-Correré el riesgo.
-Mmmmm ¿Y si no existes tú?
-¿Correrás el riesgo?
-Definitivamente sí.


¿Sabes? Últimamente se me olvida que es invierno.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

TOCANDO LAS ESTRELLAS A PIANO

A                                      


Como una escala musical aparece y desaparece. Viene y va, como una primavera tras el invierno.
Como una escala musical crece para luego irse haciendo cada vez más y más pequeña, como una lluvia en el mes de abril.
Como una escala musical apareció y rápidamente creció delante de mis ojos; para no desaparecer y mucho menos empequeñecerse. Como el recuerdo eterno de una primavera en el cuarto mes.

  Ahora es cuando yo me pregunto:
¿REalidad o sueño?
¿MIto o verdad?
¿FAntasía o coherencia?
¿SOLferino o paz?

jueves, 7 de noviembre de 2013

TODO TIENE UN LÍMITE

Llevo más de una hora intentando empezar esta entrada, pero cada vez que lo hago la borro, porque no me convence. Aunque hay cosas que me convencen mucho menos y eso eres tú, preciosa.
Aposté muy fuerte por ti y fui tonto.
Siempre me gustó mucho apostar y algunas veces se pierde, como es el caso.

Cuando te conocí no me fijé ti, más que en tu cuerpo sabor verde; pero quise más, quería que fueses diferente a las demás. Te enseñe pasos simples con los que expandir tu mente. Te enseñe pasos para pensar de manera trascendente, y lo más importante de todo, te mostré otras realidades alejadas de tu mundo entre algodones de niña rica. Eras asquerosamente plana y tu mayor preocupación era tener más de cincuenta euros para abrigarte por las noches con alcohol contra la desdicha; pero poco a poco veía -o quería ver- un cambio en ti a raíz de tu bendita e inocente curiosidad.
Yo me ilusionaba entre recuerdo y recuerdo tuyo, tú me mostrabas lo increíble que podías llegar a ser en algún mundo venidero, yo no me podía arrancar tu sonrisa de entre las cejas y tú esperabas ilusionada en que llegase aquella noche en la que parase por aquel garito en el cual paras. Yo, tú, tú, yo. Así debería ser el mundo.

Y llegó aquella noche y no venías.
Las horas huían dentro de aquella degeneración de alcohol barato, donde la gente se afana en vender su alma por ser, o al menos, para que la sociedad les diga que lo son.

Y las horas pasaban y no venías.
Corría tanto el reloj que tuve que domesticar los minutos, para que no despertara el día. Gracias a eso te pudo dar tiempo a llegar y a abrazarme como si no hubiera un mañana.

Y las horas pararon y tú estabas mi, me, conmigo.
Que contento me puse, porque eras mía y por una vez yo quería dejarme querer. No pude creer lo embriagada que ibas al entrar en aquel sitio, pero no perdí más tiempo y te lleve a bailar -eso que tanto te gusta, pequeña- Ahí me dejaste claro tus prioridades, al verte corriendo como un simple perro detrás de los coches, mas tú corrías tras los cubatas y hasta perseguías el agua de los floreros. Solamente querías tu alcohol y si no lo tenías, te desesperabas.
Por fin me desmentí y vi lo que no quería ver, lo que rogaba a algún dios para no ver; que no cambiaste, que sigues siendo aquella niña de papá llorando con tal de no soñar. Qué tonto fui y que tonta fuiste, tanto peleaste por mí y cuando me tienes a tiro de piedra, dejas caer la piedra. Qué tonto fui y que tonta fuiste, que pensaba que eras diferente y me equivoqué. Qué tontos que fuimos.

Y las horas cesaron y tú estabas tú, te, sin mí.
Me enfadé contigo y no te enteraste, me despedí de ti, me fui y no te enteraste. Ahí te dejé, con tus amigos de hojalata, entre la cirrosis y tu estupidez; y ni siquiera en eso te enteraste, cielo.

Al día siguiente suplicaste mi perdón y yo te lo concedí, pero no te daré más oportunidades, ya que te he dado muchas, porque como dijo una persona: "Todo tiene un límite y el mío está aquí".


Las más Vistas, pero no las Mejores